sábado, 24 de diciembre de 2011

miércoles, 23 de noviembre de 2011

I don't want to miss...you


Hoy ha sido una mañana intensa, pero aunque no haya quedado nada en claro, hay una cosa que no cambiará nunca.
Creo que esta canción lo resume todo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

ERASMUS

- ¿Os vais a ir todos de ERASMUS, ¿verdad?
- ...
- Porque si no aprovecháis ahora para iros de ERASMUS, más tarde no va a ser lo mismo y os vais a arrepentir.
- ¬¬
- Es que no irse de ERASMUS es ¡como crecer sin juguetes!
- PUUMM!!

miércoles, 16 de noviembre de 2011

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Just wonder when will my life begin?

Algún día de estos me gustaría andar mojándome bajo la lluvia, e ir muy muy despacio para lograr reinventarla. Me gustaría coger un tren y viajar muy muy lejos de mi casa. Tanto es así, que recorrería la nueva ciudad todo el día sin parar pero sin prisas. Escudriñaría cada rincón, cada pequeño local encajado entre dos gigantes, caminaría por sus calles estrechas y bulevares. Después, pasaría la noche apoyada en la barandilla que diese al río contemplando las luces de las estrellas mezcladas con las de los neones que estuvieran reflejadas en él. Cuando empezara el nuevo día, quizás yo ya esté viajando a otro lugar, muy muy muy lejos de mi añorada casa, a lo mejor me encontraría rodeada de gansos de patas heladas, vacas que no hace otra cosa que pastar y hogareños con botas de agua. Entonces me pondría a patinar sobre el estanque cristalizado como siempre he soñado hacer y así estaría toda la tarde hasta que llegara una noche iluminada por farolillos y abrigada por porches de madera de pino. Al día siguiente ya estaría a medio camino de un lugar muy muy pero que muy muy lejano a mi tenuemente recordada casa, donde tuviera que vestir gorro, orejeras, pasamontañas, anorak, guantes, calentadores y botas de pelo, y aún así las cejas se me quedaran como témpanos. Me pasaría todo el día observando los bloques de hielo deshacerse hasta que llegara lo que de verdad mereciera la pena: la maravillosa Aurora Boreal.
Entonces ya podría estar tranquila y tomarme una sopa ardiendo en un iglú que desentumeciera mis recuerdos; algo más cerca de mi esperada casa, un chocolate caliente en una cabaña que me reconfortase; y en la última parada del viaje de regreso a mi acogedora casa, un té leche en una cafetería local que despertara mi antigua vida.

Desde mi llegada, me gustaría disfrutar al máximo en familia, sentados en el sofá riéndonos unos de otros por algún juego de mesa, ayudar a mi hermano con la tarea e ignorar la tele mientras comemos juntos. También me gustaría estar con mis mejores amigos disfrutando con sus bromas y su inigualable compañía. Salir de fiesta nunca se interpondría más a ver una película abrazada a quien más quiero, escuchar sus batallas y llenarle de besos bajo la manta.

La mayoría de veces es necesario perder de vista lo que tienes para reaprender a valorarlo, a añorarlo incluso cuando lo estás disfrutando, a desearlo incluso cuando lo posees… a mí me gustaría vivir, viajar, sentirme distinta para luego descubrir que quiero ser la que he sido siempre. A veces me pregunto, ¿cuándo va a empezar mi vida? Por eso quiero comenzar una distinta para convencerme de que mi vida es la mejor desde hace más 20 años…

jueves, 20 de octubre de 2011

Somos metamorfosis

Tienes mucha razón, es curioso cómo el tiempo pasa y el dinero se gasta, los problemas pasados se terminan olvidando, las amistades se van ajustando en su debida medida (nunca de más o de menos)... es así porque somos entidades metamórficas y nómadas. Verás, desde el día que existimos estamos en continuo cambio: un día cualquiera nacemos y compartimos esa evolución personal con la del resto. Durante nuestra limitada “vida” interaccionamos con nuestro entorno para mudar de personalidad, alteramos también nuestro cuerpo para cubrir nuevas necesidades, al fin y al cabo dejamos atrás caparazones menores con el fin de crecer. Esa es siempre la finalidad, crecer. Podrás creer que no nos diferenciamos demasiado de cualquier reptil o insecto, pues sabrás que mudan lo que ya no les sirve buscando una nueva etapa de su vida. O también podría ser buen ejemplo la crisálida, cuyo objetivo en la vida es la metamorfosis. Metamorfosis, ¿no crees que es un concepto alucinante? Te diré que deriva del griego y quiere decir transformación, ya que “meta” significa cambio y “morfe”, forma. Podemos sacar de todo esto que todo lo que hacemos a lo largo de nuestra vida es únicamente la metamorfosis, tanto anatómicamente como psíquicamente como éticamente; dime si me dejo algo. Bueno, y el cambio lleva implícita la palabra nómada. Además están muy interrelacionadas porque, históricamente, en el país de Numidia o Metagonitis para los griegos, sus habitantes eran denominados Nómadas por su costumbre de cambiar con frecuencia su pasto y llevar sus casas en carros, ¿curioso verdad? En fin, lo único que quiero transmitirte es que ¡no paramos! Nada, ni si quiera el tiempo, da tregua y nada está quieto o permanece de la misma forma en dos momentos distintos. ¿Tú te ves igual que hace dos años de nada? Quizás si te pregunto por ayer me digas que sí, pero el hecho de que no lo percibamos tanto no significa que no hayamos cambiado. Cada día aprendemos algo y olvidamos otro tanto. Sin embargo, ¿tú realmente piensas que terminamos de cambiar, por tanto de existir, cuando nos llegar la muerte? Yo no digo que sigamos vivos, digo que puede que sigamos cambiando. ¡Que existamos tras esta vida terrenal! Unos supondrán que existimos en la memoria de los que nos recuerdan, otros creerán que somos parte del cosmos (nuestro cuerpo se descompone y vuelve a la tierra como un ciclo sin fin, ya lo cantaban en el “Rey León”) y otros pocos como yo, sospecharán que sufrimos una metamorfosis mayor, la mayor que hemos experimentado desde que nos concibieron, y así seremos la misma entidad pero de distinta forma. Vuelvo a la idea anterior para concluir: somos nómadas que viajamos por mundos distintos cambiando constantemente. Somos metamorfosis.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Jugar con fuego

Arde mi interior cada vez que me miras así, tan cerca de mi cara como si fuéramos dos imanes que no pueden evitar atraerse.
Arde mi piel cada vez que la rozas como si fuera seda. Se eriza, se revuelve y marca el recorrido de las sentidas caricias.


Arden mis labios cuando los tuyos son aceite en el agua y no los rozas sino flotan, quizás buscando la forma de cómo hundirlos en los mios, y aún así siento el calor que desprenden.
Arden mis curvas, arde todo mi cuerpo desde la barbilla hasta el ombligo, después hasta mis pies enrollados... todo arde pero no se consume. Nada se carboniza excepto mi prudencia, pues nadie debe saber de nuestra hoguera... sin embargo, me enciendes siempre una vez más.
Ardemos en la oscuridad porque solo existe la luz de las chispas que desprendemos, sobrepuestas a otras exteriores que no deben percibirnos.
Sé que no se debe jugar con fuego pero,
¿y qué si me quemo?