viernes, 15 de junio de 2012
domingo, 10 de junio de 2012
Leyenda del anillo en el anular
Existe una leyenda China
que lo explica:
- Los pulgares representan los padres.
- Los índices representan los amigos.
- El dedo corazón te representa a ti mismo.
- El dedo anular la unión con tu pareja.
- El dedo meñique representa a los hijos.
Une las manos palma con
palma, después, une los dedos medios nudillo con nudillo.
- Intenta separar los pulgares: se separan pues los padres no están destinados a vivir contigo siempre.
- Intenta separar los dedos índices: notarás que también se abren porque los amigos se van, y tienen destinos diferentes (como casarse y tener hijos.)
- Intenta separar los dedos meñiques: estos también se abren porque tus hijos crecen y cuando ya no te necesitan se van.
- Finalmente, trata de separar tus dedos anulares y te sorprenderás al ver que simplemente no puedes separarlos…Eso se debe a que una pareja está "destinada" a estar unida hasta el último día de su vida y es por eso porque el anillo se usa en este dedo.
¿Convincente? Es que los
chinos son así ;)
viernes, 25 de mayo de 2012
Por favor, quiéreme hoy.
Ahora sé con seguridad
que no me darás la mano viajando por el mundo, que te encanta tu lugar por
encima de mi destino. Y te comprendo, porque entiendo que la seguridad gane a
la aventura en unos tiempos en los que nada se regala. Tú no serás nunca un
inmigrante, me alegro mucho por ti. Tu futuro está mucho más claro que el mío
y, siendo consciente de que tu sitio está aquí, en tu patria querida y con tu
familia, el mío tiene tendencia a ser menos cómodo y sin duda más arriesgado.
Es por eso que no te voy a arrastrar conmigo, aunque prefiriera no encontrarme
sola frente al mundo; de todas formas, tú nunca aceptarías, ya me lo has dicho.
¿Pero sabes qué? Que ahora me da igual que tú no me vayas a esperar o que yo no
vaya a aguantar. Da igual lo que dure nuestro amor, si 3 meses, 3 años o toda
una vida. Mientras tú te estás construyendo tu nido, trabajándotelo día a día,
yo doy lecciones de vuelo para algún poder ir a buscar comida cuando me falte.
Cariño, aquí mi vida sería agua estancada, y tú ya sabes que quiero ser una
mujer que se valga por sí misma, y yo ya sé que tú no quieres una que viva a
base de un hombre. No habría problema, ni dilema, ni choque de ideas: ambos
sabemos lo que queremos, no hay más. Seguramente yo debería haber encontrado un
compañero, pero uno real, que me siguiera y yo le siguiera a él. Pase lo que
pase, siempre juntos en el viaje de nuestra vida. Seguramente tú deberías haber
buscado una chica de tu verdadero entorno, una que viese bien todo lo que haces
y no haces, que no pusiera impedimentos a tus utopías. Ambos seríamos más “felices”.
Sin embargo, la vida no trata sobre qué sería lo ideal para nosotros, porque como
dice el dicho “a veces lo mejor no es lo
más bueno”. Con esto quiero decir que ahora no me importa lo que vaya a pasar
mañana, tan solo cuento el presente, y mi presente eres tú. Te quiero a día de
hoy como nunca he querido a nadie. Para mí, nuestra historia no es como vaya a
terminar si esto ocurre, nuestra historia son momentos que me hacen sonreír
cuando los recuerdo porque me has hecho y me haces muy feliz. Recuerda que al
igual que sigo respirando aunque vaya a morir, te sigo amando sin importar lo
que pase en el futuro. Por favor, quiéreme hoy.
sábado, 19 de mayo de 2012
¿A dónde te llevo?
Voy por la vida como en un taxi que no se detiene, que no sé a donde va. Sola en la cabina no sé a quién preguntar ya que solo veo ráfagas de lo que son personas a través de la ventana. A gran velocidad me traslado y yo sin embargo sin moverme. Todo va pasando delante de mis ojos, el paisaje cambia, la gente desaparece, pero yo no me inmuto, mi cuerpo se petrifica y mis pensamientos se muerden la cola. Mi cerebro es una lavadora que da vueltas ni dejar ver nada claro. ¿Por qué el tiempo corre en mi contra? ¿Por qué me empeño en correr tras él? Lo más probable es que no pueda llegar antes para esperarlo cuando llegue, por ese motivo mi única opción es una alocada persecución de mi meta, la cual ya no sé dónde está, ni a cuánto, ni si seguirá allí dónde me la imagino.
De modo que aquí sigo yo, montada en el taxi mientras no puedo ser aconsejada ni puedo ser si quiera informada. Tan solo llevo en el bolso la esperanza de estar bien encaminada, porque no ocupa mucho, y en la maleta el tumulto de mareadas incógnitas e incovnientes aquí y allá, simplemente... porque no cabrían en el bolso*
lunes, 14 de mayo de 2012
martes, 17 de abril de 2012
viernes, 13 de abril de 2012
Confesiones empanadas
Me creí su promesa, aunque no estuviera fundada en nada más que su voluntad. Inocente de mí, creí en su voluntad.
En esos días de tránsito, me desmaquillaba con mis propias lágrimas y cada noche mataba a la almohada porque sabía demasiado. Aprendí que las lágrimas no me hacían más fuerte, sino que mostraban lo débil que era por dentro. Esas gotas eran todo menos cordura.
Creía que recibiría una carta tras cada mal trago, como antes, o al menos un mensaje que me ayudara a evitar las pesadillas, como antes. Pero nada de eso ocurría, hasta tal punto que empecé a dudar sobre si ese antes fue de verdad o solo un producto de mi floreciente amor.
Estaba ausente, en un viaje de negocios, negocios muy importantes para su futuro; no había excusa para no ir. En cambio, mi panadería me necesitaba tanto que no me dejaba acompañarle. Todos los días tenía que abastecer pan recién hecho, no podía fallar ni uno solo. Mi trabajo me tenía retenida, pero albergaba la esperanza de que algún día mi esfuerzo fuera recompensado y pudiera contratar dependientes que trabajaran por mí. Ser empresaria era mi gran ambición, desde luego. De esa manera, podría acompañarle a sus escapadas para que sintiera que puede contar conmigo y que estoy con él en cuerpo y alma. Sin embargo, por el momento solo me tenía en alma.
Fui tonta por sentirme culpable por eso, ahora lo sé. Nuestras vidas iban por carriles distintos pero unidos que de vez en cuando se bifurcaban, pero eso no significaba que hiciese mal en ir en el que me correspondía.
Aún fui más tonta al creer que algún día nuestro camino sería el mismo. Yo ansiaba con toda mi alma poder vivir juntos algún día, pero el destino me enseñaba una y otra vez que uno de los dos tenía que renunciar al suyo para acoger al otro. Siempre permanecerá en mi memoria el año 2009, cuando recibí una propuesta de trabajo en Santiago de Compostela. Éramos unos novios muy enamorados... éramos jóvenes. Yo no estaba segura de si irme pero él me propuso que nos fuéramos juntos, me dijo que sería una gran aventura el salir del pueblo y vivir en la gran ciudad, que esa propuesta me haría muy bien en el futuro... que él no solo me apoyaba, sino que cambiaba todo lo que tenía aquí por estar a mi lado. La acepté, nos fuimos y salió mal.
Nunca debió cambiarse de carril por seguir las ilusiones de otra persona dejando apartadas las suyas. Ahora comprendo lo que le pesó aquella decisión, y por qué aprendió a ser egoísta antes que yo.
A pesar de todo, me sigue queriendo, qué más prueba que eso pueden ser sus llamadas desde el trabajo. Creía que eso me servía. Creía en un amor puro, como el de las películas, que tras años sin verse, los amantes se besan apasionadamente cuando se reencuentran. He visto demasiadas películas.
A veces no puedo evitar pensar en su magnífica relación con su secretaria, quién sí le acompaña a todos sus viajes, en quien confía, a quien mima y con quien comparte más experiencias que con su aburrida panadera. Eso demuestra mi gran inestabilidad a la que a mí me gusta llamar paranoia. Pero soy consciente de que son gajes del oficio, teniendo en cuenta que no sé lo que hace una persona que es tanto de mi posesión en el sentido de que su corazón es mío, o eso quiero pensar porque de alguna manera me calma.
Otras veces, vuelven mis demonios y me susurran en sueños que nadie pertenece a nadie, que todos somos libres por mucho que un anillo encierra nuestros dedos. Aunque al final siempre les he dado la razón, esa no era la mayor de mis penas.
Mi gran sufrimiento era la decadencia: la de la sagrada promesa que nos hicimos desde el corazón, la de la pasión de nuestros besos, la de la intensidad de sus miradas, la del tiempo íntimo del que ya apenas disfrutamos.
Esta atareada panadera quería tenerle entre sus brazos, hacerle el amor como nunca lo había hecho y escucharle un verdadero "te quiero" después, pero lo único que recibía era "una rosa, un te quiero y un adiós" que se canta por cantar.
Me aburrí de esperar la oportunidad y, sobretodo, de sentir lo peor que he sentido en mi vida: aún teniéndole, sentirme sola. Es como estar en medio de un concierto, tan rodeada de gente y tan poco acompañada. Ahora sé que la soledad irreal es producto de lo que te advierte el corazón. Definitivamente, es una prueba que me hace más fuerte, pero no más feliz...
En esos días de tránsito, me desmaquillaba con mis propias lágrimas y cada noche mataba a la almohada porque sabía demasiado. Aprendí que las lágrimas no me hacían más fuerte, sino que mostraban lo débil que era por dentro. Esas gotas eran todo menos cordura.
Creía que recibiría una carta tras cada mal trago, como antes, o al menos un mensaje que me ayudara a evitar las pesadillas, como antes. Pero nada de eso ocurría, hasta tal punto que empecé a dudar sobre si ese antes fue de verdad o solo un producto de mi floreciente amor.
Estaba ausente, en un viaje de negocios, negocios muy importantes para su futuro; no había excusa para no ir. En cambio, mi panadería me necesitaba tanto que no me dejaba acompañarle. Todos los días tenía que abastecer pan recién hecho, no podía fallar ni uno solo. Mi trabajo me tenía retenida, pero albergaba la esperanza de que algún día mi esfuerzo fuera recompensado y pudiera contratar dependientes que trabajaran por mí. Ser empresaria era mi gran ambición, desde luego. De esa manera, podría acompañarle a sus escapadas para que sintiera que puede contar conmigo y que estoy con él en cuerpo y alma. Sin embargo, por el momento solo me tenía en alma.
Fui tonta por sentirme culpable por eso, ahora lo sé. Nuestras vidas iban por carriles distintos pero unidos que de vez en cuando se bifurcaban, pero eso no significaba que hiciese mal en ir en el que me correspondía.
Aún fui más tonta al creer que algún día nuestro camino sería el mismo. Yo ansiaba con toda mi alma poder vivir juntos algún día, pero el destino me enseñaba una y otra vez que uno de los dos tenía que renunciar al suyo para acoger al otro. Siempre permanecerá en mi memoria el año 2009, cuando recibí una propuesta de trabajo en Santiago de Compostela. Éramos unos novios muy enamorados... éramos jóvenes. Yo no estaba segura de si irme pero él me propuso que nos fuéramos juntos, me dijo que sería una gran aventura el salir del pueblo y vivir en la gran ciudad, que esa propuesta me haría muy bien en el futuro... que él no solo me apoyaba, sino que cambiaba todo lo que tenía aquí por estar a mi lado. La acepté, nos fuimos y salió mal.
Nunca debió cambiarse de carril por seguir las ilusiones de otra persona dejando apartadas las suyas. Ahora comprendo lo que le pesó aquella decisión, y por qué aprendió a ser egoísta antes que yo.
A pesar de todo, me sigue queriendo, qué más prueba que eso pueden ser sus llamadas desde el trabajo. Creía que eso me servía. Creía en un amor puro, como el de las películas, que tras años sin verse, los amantes se besan apasionadamente cuando se reencuentran. He visto demasiadas películas.
A veces no puedo evitar pensar en su magnífica relación con su secretaria, quién sí le acompaña a todos sus viajes, en quien confía, a quien mima y con quien comparte más experiencias que con su aburrida panadera. Eso demuestra mi gran inestabilidad a la que a mí me gusta llamar paranoia. Pero soy consciente de que son gajes del oficio, teniendo en cuenta que no sé lo que hace una persona que es tanto de mi posesión en el sentido de que su corazón es mío, o eso quiero pensar porque de alguna manera me calma.
Otras veces, vuelven mis demonios y me susurran en sueños que nadie pertenece a nadie, que todos somos libres por mucho que un anillo encierra nuestros dedos. Aunque al final siempre les he dado la razón, esa no era la mayor de mis penas.
Mi gran sufrimiento era la decadencia: la de la sagrada promesa que nos hicimos desde el corazón, la de la pasión de nuestros besos, la de la intensidad de sus miradas, la del tiempo íntimo del que ya apenas disfrutamos.
Esta atareada panadera quería tenerle entre sus brazos, hacerle el amor como nunca lo había hecho y escucharle un verdadero "te quiero" después, pero lo único que recibía era "una rosa, un te quiero y un adiós" que se canta por cantar.
Me aburrí de esperar la oportunidad y, sobretodo, de sentir lo peor que he sentido en mi vida: aún teniéndole, sentirme sola. Es como estar en medio de un concierto, tan rodeada de gente y tan poco acompañada. Ahora sé que la soledad irreal es producto de lo que te advierte el corazón. Definitivamente, es una prueba que me hace más fuerte, pero no más feliz...
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